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Te quiero, por eso te dejo ir

La semana pasada hablaba de cómo muchas veces las mujeres nos autoengañamos pensando que estamos haciendo algo mal cuando el hombre o el chico (depende de tu edad) que nos gusta no nos presta la atención que nosotras querríamos o no está tan implicado en la relación como desearíamos. Entonces, en la mayoría de los casos, pensamos que estamos haciendo algo mal o que hay algo malo en nosotras que lo está alejando.
El post de esta semana está estrechamente relacionado con el anterior, y trata del amor de pareja mal entendido, de cómo nuestro concepto del amor está completamente distorsionado, lo cual nos confunde y nos lleva a encarar las circunstancias que rodean el devenir de una pareja (enamoramiento, convivencia, ruptura, etc.) desde un punto de vista que es totalmente erróneo.

Como digo en muchísimas ocasiones, las creencias arraigadas (y sin fundamento, en su mayoría) de la sociedad, con ayuda de los medios de comunicación y la publicidad y, en los últimos años, de las omnipresentes redes sociales, son los principales causantes de la imagen distorsionada del amor que tenemos hoy en día. En nuestra cultura, entendemos el amor como algo que viene de fuera de nosotros: amor es tener una pareja que nos quiera, o el cariño de nuestros padres o familiares, en algunos casos es incluso el cariño procedente de nuestras amistades. Y ya está, a eso es a lo que hoy en día se le llama "amor". Es más, hay personas que cuando piensan en el amor, lo único que se les viene a la cabeza es una relación de tipo amoroso, no conciben otros tipos de amor. Es realmente una visión muy limitada y limitante de la vida. En este sentido, quienes más se acercan a la idea de lo que es el amor de verdad son aquellos que son padres; el vínculo que se establece de los padres a los hijos (no al revés), y solo en algunos casos, porque todos sabemos que hay padres que mejor no lo hubieran sido nunca, y el amor que profesan esos padres hacia sus hijos es lo más parecido que hay hoy en día en nuestra sociedad al amor real. No obstante, en la inmensa mayoría de los casos, tampoco es un amor puro, puesto que los padres esperan cosas de sus hijos, tienen expectativas que proceden del ego y, por lo tanto, es un amor "manchado de ego", por así decir. Pero ese es otro tema.

En el tema del que quiero hablar esta semana, el amor de pareja, tenemos una idea totalmente errónea de lo que significa e implica amar, y este es el motivo de que haya tantísimas relaciones de pareja que no funcionan y de que las parejas que se rompen lo hagan en malísimos términos. Cuando nuestra pareja deja de amarnos, decimos que se ha terminado el amor. Cuando un matrimonio se rompe, incluso aunque haya sido de común acuerdo, decimos que el amor se acabó. Y cuando la persona objeto de nuestros desvelos no nos hace ni caso, o sencillamente expresa su deseo de tener una amistad pero no una relación amorosa, entonces nos sumergimos en un profundo pozo y pensamos que nunca encontraremos el amor en nuestra vida e, incluso, que la vida ha dejado de tener sentido. Es decir, identificamos el amor como algo que tiene que venir del otro, no de nosotros. ¿Por qué? En primer lugar porque al ego le encanta eso de que lo quieran y lo adoren para sentirse importante y poder justificarse a sí mismo y, en segundo lugar, porque es muy cómodo cargar al otro con la tarea de amarnos y desentendernos del asunto. Sí, por supuesto, nosotros también tenemos la tarea de amar a nuestra pareja, en cierto modo entendemos que el amor de pareja debe ser recíproco. Pero cuando las cosas van mal la culpa siempre es del otro, porque no nos ama como nos merecemos, o como a nosotros/as nos gustaría, o a la altura de lo que nosotros/as le damos a él/ella, o porque nosotros/as siempre nos enforzamos más que él/ella. Me duele de solo escribirlo...

En realidad, todo es mucho más simple y, al mismo tiempo, más complejo, porque estamos en un punto en el que tenemos que aprender qué es de verdad el amor y ponerlo en práctica. La clave del amor y de unas relaciones satisfactorias, sean del tipo que sean, es entender que el amor procede de ti, no de los demás; es decir, el primer foco de origen si quieres amor en tu vida debes ser tú mismo/a. El amor no es algo que procede del exterior, el amor es algo que tiene que salir de ti en primer lugar, y que se experimenta gracias a los demás. Las personas de nuestra entorno (padres, parejas, amigos, familiares, etc.) nos ayudan a poner el amor en práctica, es como una fase 2 del curso de aprender a amar que es la vida; pero la fase 1, la realmente importante y sin la cual nunca jamás podrá darse la fase 2 en su plenitud, es aprender a amarse uno/a mismo/a. Solo entendiendo esto y amándote de verdad serás capaz de tener relaciones amorosas satisfactorias. Sucede algo curioso, y es que cuando te amas de verdad desaparece de tu vida el apego, porque empiezas a tener una visión de conjunto de cómo funcionan las relaciones mucho más grande. Digo que es curioso porque el hecho de aprender a amar hace que desde el exterior tu actitud renovada pueda confundirse con falta de interés o "pasotismo", y nada más alejado de la realidad. El hecho de que tu pareja haya dejado de quererte o no te esté dando lo que tú quieres es solo una etapa más del camino, y ya no te aferras a esa persona ni a esa relación porque, ante todo, lo importante para ti es sentirte bien tú. Entonces la relación llega al punto de extinguirse, ya ha dado todo lo que tenía que dar de sí, te ha enseñado y te ha hecho vivir cosas que eran necesarias para ti (y para tu pareja, no lo olvides) y eres capaz de alejarte de esa relación sin resistimiento, sin rencores, sin odio... Únicamente hay cabida para la tranquilidad y la serenidad de saber que las cosas, igual que empiezan, también pueden acabarse, y no pasa nada porque sea así. El amor NO tiene por qué ser para toda la vida; de hecho, es raro que el amor de pareja sea para toda la vida. De nuevo, desecha de tu mente esa creencia tan arraigada y que tanto nos hace sufrir, porque no es cierta. Nadie te obliga a tener relaciones que duren para siempre. Aferrarte a esta idea solo te traerá, en la mayoría de los casos, sufrimiento y culpa.

Podría acabar este post aquí, porque realmente ya he dicho todo lo que debes saber sobre el amor. Ya te he dicho que el tema en realidad era muy simple. Pero entiendo que en este punto es probable que te hayas quedado con un par de dudas (¡y seguramente me quede corta!). Verás, más que explicarte cómo se aprende a amar, o cómo se ama de verdad, voy a darte algunos ejemplos de lo que sería estar expresando amor de verdad en tu vida, principalmente porque no me corresponde a mí enseñarte a amar, eso es algo que solo tú puedes hacer y que, como todo lo importante en la vida, requiere de un trabajo y de un compromiso contigo mismo/a.
Volviendo al tema de la pareja, amar significa no esperar nada del otro, y amarle/a por ser como es. ¿Por qué no debes esperar nada del otro? En primer lugar, porque cuando esperas cosas que están basadas únicamente en tus anhelos, entonces generas expectativas, y no es obligación de tu pareja satisfacer tus expectativas, exactamente igual que no es obligación tuya satisfacer las expectativas de tu pareja. Ya simplemente poniendo en práctica este punto muchísimas relaciones de pareja mejorarían notablemente. En segundo lugar, porque nadie tiene la obligación de entablar una relación afectiva contigo. Una relación, para ser sana y satisfactoria, debe iniciarse desde la libertad y la libre elección, exactamente igual que ocurre con la ruptura de la relación, que debe proceder de la libertad y no del odio ("no sabe lo que se pierde", "no va a encontrar a otro/a como yo"), ni del miedo ("¿qué va a ser de mi si esta relación se acaba?", "nadie más me va a querer"), ni de las amenazas ("si me dejas, nadie más te va a querer más que yo" o "¿quién te va a querer a ti?").
Cuando de verdad quieres a otra persona, dejas que salga de tu vida desde la paz y desde el propio amor (¡que no desde el amor propio!). Aferrarte a alguien no es amor, es ego. Querer que una relación funcione cuando ya ha dado mil muestras de que no va a funcionar y de que solo te hace infeliz, no es amor, es ego. Por eso, hay que aprender a soltar y, como ya he comentado en otros posts anteriores, dar las gracias a la persona que sale de nuestra vida por todo lo que nos ha enseñado porque, sin él/ella, nunca hubiéramos podido llegar a aprender todo lo que esa relación nos ha enseñado, sobre nosotros/as mismos/as y sobre la vida. Cuando de verdad quieres a alguien, pero esa persona no quiere estar contigo, la dejas ir con amor, no le reprochas que quiera dejarte o que haya dejado de amarte porque, de nuevo, el amor no tiene por qué ser para toda la vida y nadie tiene la obligación de estar contigo, amar es un acto libre.

Créeme cuando te digo que dejar marchar a alguien desde el amor es el acto más liberador que puedes realizar en tu vida, y no solo es liberador, sino que te dota de una confianza en ti mismo/a y de una seguridad que pocas cosas más en la vida son capaces de darte, porque es un acto que, cuando es auténtico y sincero, se realiza desde la certeza de que esa marcha se produce por tu bien. Esa relación no estaba destinada a durar más, ha dado todo lo que tenía que dar de sí, y ahora toca seguir avanzando y toca encontrarse con personas nuevas en tu vida. No le des la espalda a lo que la vida te tiene preparado por querer aferrarte demasiado al pasado. De esta forma, lo único que conseguirás es vivir en sufrimiento y perderte todo lo bueno que está por llegar.

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Marta

Marta

Apasionada, sincera y auténtica. Una mujer que corre con los lobos. En esta aventura que es la vida y en mi camino personal hacia el autoconocimiento, quiero compartir con el mundo mis descubrimientos

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