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Por qué no entendemos el dinero y dejamos que nos desempodere

Esta semana quiero reflexionar sobre un tema que no he tratado antes: se trata del dinero y la prosperidad. No es un tema que yo domine y por eso no lo trato excesivamente, ya que prefiero hablar de cosas que conozco bien y que he experimentado en profundidad; de hecho, a día de hoy sigo trabajando activamente con la energía del dinero para deshacerme de muchas creencias limitantes y de ideas adquiridas sobre este elemento que, en sí, no es ni bueno ni malo. El dinero es tan solo dinero, las posesiones o bienes son tan solo posesiones o bienes, y no hay nada inherente a ellos, salvo que se trata de "cosas". Son nuestras creencias ante estos elementos las que los dotan de significados positivos o negativos para cada persona. Así, el dinero puede pasar a convertirse en algo pecaminoso, en síntoma de avaricia, en señal de esnobismo o bien en una bendición. Qué contradictorio, ¿no?

Antes se decía que "el dinero no da la felicidad". Yo siempre he visto esa frase como el consuelo de los tontos: es la típica frase que oirías de boca del que no tiene dinero, lo quiere pero no sabe cómo puede conseguirlo. Claro, es más fácil arremeter contra algo que no entiendes ni tienes, pero que desearías tener (porque aquí es donde está realmente el quid de la cuestión), que admitir que no tienes ni un duro porque, de alguna manera, sabes que estás bloqueando esta energía y no permitiendo que entre en tu vida. Con el dinero es así: la gente lo ama o lo odia, pero todo el mundo quiere tenerlo. ¿Por qué? ¿Porque te gusta tenerlo en el bolsillo o en el banco solo por el placer de que esté ahí? ¿Porque te parece bonito y digno de admiración? No, te gusta por lo que implica, por el abanico de posibilidades que abre en tu vida.
Sin embargo, las cosas han ido cambiando, pues ya desde hace algún tiempo vengo oyendo que "el dinero no da la felicidad, pero ayuda". Parece que nos hemos vuelto más realistas con los años y que vamos aceptando poco a poco el dinero como un elemento que, más allá de ser algo así como un enviado del mal y la fuente de toda avaricia, puede proporcionarnos algo de bienestar y confort en la vida.

Es importantísimo hacer las paces con la energía del dinero para que fluya en nuestra vida y, sobre todo, para sentirnos bien con ella. Por mucho trabajo personal que hagamos, si no hallamos la manera de estar en paz con ella no conseguiremos nunca que el dinero llegue a nosotros, lo bloquearemos de mil maneras sin ser conscientes de ello y nos frustraremos y no entenderemos por qué, a pesar de tanto esfuerzo por nuestra parte, parece que nunca ganamos lo que merecemos o en función del esfuerzo y el tiempo invertidos. Puedes llegar a ser una persona enormemente trabajada a nivel interno y que se conoce en profundidad y, sin embargo, puede que sigas teniendo un enorme problema con el dinero: sencillamente, no lo tienes o no lo tienes en la medida en que te gustaría. Por eso, es importante entender que dinero y crecimiento personal no necesariamente van de la mano, aunque dependiendo de la persona y de los aprendizajes que deba hacer sí pueden ser dos áreas complementarias. Por lo general, la energía de la prosperidad y el dinero requieren de su propia línea de trabajo.

Pero si en tu vida experimentas problemas con el dinero no te preocupes, no es culpa tuya en absoluto, sino del entorno en el que has vivido hasta tu vida adulta. Creo que el dinero es una energía maravillosa con la que tendría que enseñársenos a relacionarnos desde pequeños de una forma sana. Pero la realidad es bien distinta, y esto se debe a las creencias que albergamos en torno a él de adultos y que proceden de dos fuentes:

  1. La religión: en el caso de los países de tradición cristiana (me atrevería a decir que prácticamente todos los países hispanohablantes entramos en este grupo) está bien claro por qué nos relacionamos tan mal con el dinero, y es sencillamente porque para los cristianos el dinero es malo y es pecado (el famoso peer group que se llama en inglés). Se nos hace sentir mal si tenemos un poquito más de dinero del estrictamente necesario para vivir, y se nos incita constantemente a donar dinero, haciéndonos sentir culpables si no lo hacemos. Esta creencia está tan arraigada y viene tan de lejos que merecería un post entero.

  2. Nuestro clan: el clan (al que le dedicaré un post entero porque es un tema tremendamente interesante) puede ser nuestra familia, nuestro grupo de amigos, o un grupo del que nos sintamos parte integrante por identificarnos con su ideología y sus creencias. Las creencias del clan respecto al dinero pasan a ser las nuestras propias, porque son las que se nos inculcan y las que se nos dan como buenas. No nos planteamos si son acertadas o no porque son las del clan, y como miembros de él aceptamos lo que se nos dice por lealtad y por pertenencia.

Monje

Pero una vez hemos llegado a este punto, creo que hay que diferenciar entre "sentirse bien con la energía del dinero" y "confundir felicidad con lo que el dinero te puede proporcionar". Con esto me refiero a sentir que tu vida sería otra si tuvieses ese bolso de 2.000€ que tanto te gusta y que está tan de moda, por poner un ejemplo, o que no serás completamente feliz hasta que no tengas un coche. A lo que me refiero es a "posponer" tu felicidad a ese momento futuro, y supuestamente mejor desde tu punto de vista, en el cual puedas tener ese objeto que tanto anhelas, pues en él ves una situación de mejoría para tu vida. A ver, tienes veinte bolsos en tu armario, pero por algún motivo se te ha metido en la cabeza la idea de que precisamente no tienes el que deberías tener, que si ese bolso está de moda y lo anuncian tanto en las revistas y lo llevan las famosas entonces es porque debe ser algo que merece realmente la pena tener y, en ese preciso momento, se convierte en tu objetivo conseguir el bolso. ¿Lo necesitas? En absoluto. Pero, por algún motivo, crees que daría más valor a tu persona si lo tuvieras.

Está fenomenal plantearse objetivos en la vida y luchar por ellos, ¡por supuesto que sí! Nunca me oirás ni me leerás decir lo contrario. Creo que fijarse objetivos y comprometerse con ellos es la sal de la vida, lo que te mantiene en movimiento, con tu ilusión alta y tu energía enfocada en algo concreto para que no te disperses. Pero me refiero a objetivos que pueden suponer un cambio en tu vida para mejor, que te acercan a lo que deseas realmente de corazón y a tu empoderamiento. Querer conseguir el bolso de la temporada X de la marca Y, o la nueva camiseta de tu equipo de fútbol o el último modelo carísimo de smartphone porque consideras que de esta forma aumenta tu valía ¡lo único que hace es alejarte de tu poder! ¿Quieres saber por qué?

En primer lugar, porque pones tu felicidad y tu valor intrínseco como persona en manos de un elemento externo a ti y, por lo tanto, que no controlas. Cuando crees que algo que podrías comprar va a llenar más tu vida o te va a hacer ser mejor visto/a a ojos de los demás, lo que en realidad estás haciendo es otorgarle a ese elemento la capacidad de hacerte feliz.
Todos en algún momento hemos tenido caprichos que hemos querido satisfacer, simplemente porque nos apetece y porque podemos permitírnoslo y no hay nada de malo en ello.
Los problemas vienen cuando ese objeto (o eso que tú quieres) está tapando algún agujero que no quieres ver. Por ejemplo, el sentirse solo/a, el querer pareja y no tenerla o el tener una mala relación de pareja, un problema de autoestima, un trabajo que te hace infeliz, una rutina en la que sientes que te ahogas... En estos casos, es muy fácil evadirse comprando o adquiriendo todo aquello que pensamos que nos va a hacer un poquito más felices o que nos va a colocar en un nivel un poquitín más alto que la gente que nos rodea. Esto es como las drogas o el alcohol, no es más que un anagélsico temporal que hace que olvides tus problemas y/o tus carencias momentáneamente pero, ¿qué ocurre cuando ya has conseguido ese bolso, esos zapatos, ese coche o reloj carísimo que andabas persiguiendo? Ocurre que el verdadero problema sigue sin resolverse, por lo que vuelves a caer una vez más en la trampa de colocar tu felicidad en algo externo a ti.

Lo que debes tener claro es que es totalmente normal emplear este recurso y que absolutamente todos lo hacemos porque, aunque cualquier elemento externo a ti no está en realidad bajo tu control, algo que puedes intercambiar por dinero es mucho más controlable que una persona o que un cambio de situación. Por ejemplo, es infinitamente más fácil comprar una colonia o una prenda de vestir carísima que conseguir que tu exnovio/a vuelva contigo, ¿verdad? Y es mucho más controlable y predecible comprarse el último modelo de móvil que dejar un trabajo que odias porque tienes una familia a la que alimentar y mantener y sientes esa presión día, tras día, tras día...

El segundo problema es que si no consigues tener este objeto que tanto deseas y que crees que te haría feliz, entonces sentirás que has fracasado y el verdadero problema se hará aún más grande. Cuando colocas tu felicidad en un elemento externo a ti y ese elemento, por el motivo que sea, se te escapa o no puedes conseguirlo entonces tu felicidad también se escapará con él, así como el valor que te das a ti mismo/a y que estabas midiendo en función de ese objeto, porque tu felicidad es algo que no puedes hacer depender de nada ni de nadie más que de ti.

El tema del dinero, como ves, da para mucho ya que tiene varias ramificaciones. Mi intención con este post es hacerte reflexionar y observar si notas en ti el deseo repetido de tener "cosas" que crees que te harán más feliz o que te darán más clase o status, entonces plantéate que lo que estás haciendo en realidad es intentar tapar un problema en tu vida al cuál no quieres hacer frente.

Como ocurre con todos los viajes de introspección, hacerse esta pregunta da miedo; más bien, nos da miedo la respuesta que podamos obtener, pero lo que estaremos ganando es sinceridad con nosotros/as mismos/as y, principalmente, la capacidad de ver cuándo estamos evadiendo un problema y colocando nuestro poder en un elemento externo. Esto no implica que una vez que eres consciente del mecanismo en ti dejes de hacerlo para siempre. Hay veces en que es necesario y hasta saludable recurrir a este mecanismo; pero siempre SIEMPRE siendo conscientes de lo que estamos haciendo y de por qué y para qué lo estamos haciendo.

¡Recuerda que el conocimiento de ti mismo/a es poder!

Marta

Marta

Apasionada, sincera y auténtica. Una mujer que corre con los lobos. En esta aventura que es la vida y en mi camino personal hacia el autoconocimiento, quiero compartir con el mundo mis descubrimientos

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