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Perdona para demostrarte cuánto te amas

El tema del perdón no es fácil de tratar porque se extiende absolutamente a cualquier ámbito y situación de la vida y para cada persona el perdón implica cosas distintas, así que te pido que te des tiempo para digerirlo y que lo leas sabiendo que muchas cosas no van a gustarte. Pero como siempre digo, si has llegado hasta aquí es porque es tu momento.
El perdón... Ese gran tema tan mal entendido en nuestra sociedad. Se nos anima constantemente a que seamos piadosos/as y aprendamos a pedir perdón, pero ¿te has fijado cuánto le cuesta pedir perdón a muchísimas de las personas que te rodean, o incluso a ti mismo/a? ¿Por qué será? Ante todo, porque no tenemos ni idea de lo que implica realmente el perdón, está tan mal entendido que casi todas las personas, cuando dicen haber perdonado, no están para nada cerca de haberlo hecho de verdad. Esto es, en parte, consecuencia directa de la idea de perdón que nos ha transmitido la iglesia católica, maestra en desperdigar ideas incendiarias y en no responsabilizarse de nada.
Como todos los temas de los que te hablo, debes saber que hay una verdad que se esconde detrás del auténtico perdón, y es una verdad que posiblemente te hará sentir bastante incómodo/a.

Voy a empezar con la parte light, para no provocarte un shock ya tan prontito: el perdón obviamente es un acto que debe partir de ti. Es decir, otra persona te hace algo que a ti te duele, te sienta mal, te hiere, etc. pero tú eres quien perdona. Perdonar, al igual que sentir celos, es una acción que recae en ti, de la que tú te tienes que responsabilizar. Perdonar no tiene nada que ver con quien hizo o dijo aquello que te hirió, tiene que ver tan solo contigo. La otra persona puede ser el detonante, pero tú decides si quieres perdonar a quien que te hizo daño o no.

Lo primero que requiere el perdón es que entiendas por qué te sientes herido/a o dolido/a, ¿qué ha provocado ese sentimiento en ti? Sin excepción, cuando algo te duele o te toca en la llaga, es porque ahí tienes precisamente una herida que no has sanado. ¿Cuántas otras veces no te abrán hecho comentarios que no te han molestado en absoluto y que, quizá, en otras circunstancias bien hubieran podido sentarte mal? Sin embargo, en otras ocasiones, la más mínima acción (alguien que llega tarde, tu pareja que no te llama aunque dijo que lo iba a hacer, una amiga que te dice que no le gusta tu nuevo corte de pelo, etc.) o una simple broma despiertan en ti el impulso del enfado. Si de verdad quieres perdonar, y perdonarte, cuando llegue tu momento dedícate un tiempo a solas para pensar en qué es lo que te ha dolido de verdad, porque en la mayoría de los casos no será lo que tú crees. Solemos quedarnos en la superficie y no ahondar en el asunto, porque es mucho más fácil responsabilizar al otro de todo.

Por ejemplo, si lo que te hirió fue el comentario "no me gusta cómo te queda ese corte de pelo", entonces plantéate cuál es de verdad el motivo, porque no es que tu amiga, o tu madre, o tu pareja, o quien sea te digan esto con la intención explícita de hacerte daño. Ellos son tan solo el catalizador que te lleva, si tú lo permites, a darte cuenta de que tienes un punto de conflicto no resuelto en tu vida. En nuestro ejemplo, lo más probable es que tengas un problema con tu imagen y que antes de cortarte el pelo ya tuvieras inseguridades. Independientemente de si tienes el pelo largo o corto, rizado o liso, hay unas inseguridades más profundas respecto a tu persona que hacen que cualquier comentario en este sentido te duela. No es que la otra persona te desprecie, o no le gustes o vaya a dejar de quererte por tu nuevo corte de pelo. ¿Cuál es la razón entonces?
Venga, te dejo un par de segundos para que averigües cuál es el motivo real, y si ya has leido algunos de mis posts no te debería resultar difícil adivinarlo...

El motivo real que se esconde tras tu enfado es que tú te desprecias, no te gustas y no te quieres (¡o no lo suficiente!). Por lo tanto, va a dar igual los cambios de imagen por los que pases, porque hasta que no aprendas a aceptarte y a quererte y gustarte, todos los comentarios que te hagan sobre tu imagen te sentarán mal, y cuando alguien te haga un comentario positivo no te lo creerás, y pensarás que te están tomando el pelo o que no lo dicen en serio. Así somos los seres humanos, hasta este punto llega el grado de daño que nos infligimos a nosotros/as mismos/as: no aceptamos los comentarios positivos y los negativos nos sientan mal porque vuelven a abrir nuestra herida no sanada.
Así que, ante todo, lo primero que debes aprender a hacer con urgencia es perdonarte por aquellos pensamientos que albergas dentro de ti que te hacen pequeño/a, te quitan tu poder y que no aceptas. En el ejemplo que te he puesto he dado algunos posibles casos (no quererse, despreciarse o no sentirse válido/a), y tú tendrás los tuyos propios, igual que los tenemos todos. Tu tarea es dedicarte el tiempo necesario para dar con ellos y trabajártelos, porque esta es la única forma de que el perdón llegue a todas y cada una de las células de tu cuerpo. Hasta que no logres esto, no habrás conseguido perdonar del todo, pues perdonar es un acto de aceptación y rendición. Cuanto más te resistas a él, más duro te resultará.

Bien, hemos terminado la primera parte importante del tema del perdón, y nos queda la segunda. Esta segunda parte constituye la verdad dolorosa del asunto, y es que cuando no perdonas no es porque hayas perdido la confianza en la otra persona, ni porque te haya herido tanto que sientas que tu herida no puede cicatrizar ni ninguna otra excusa que te quieras poner para no tener que afrontar la verdad. No. Cuando no eres capaz de perdonar a alguien, por un lado es un reflejo de que no eres capaz de perdonarte a ti mismo/a (como hemos visto más arriba) y, por otro, es que te has instalado en el papel de víctima y no estás dispuesto/a a salir de ahí, porque te convierte en el centro de atención, en el bueno/a de la película, lo cual sitúa a la persona que te hirió como el malo, como la persona responsable de tu dolor y tu sufrimiento y, en consecuencia, en alguien a quien echarle toda la culpa.

No te engañes: aquí el/la única responsable eres tú, y encima estás colocándole a otra persona el cartel de malo de la peli; te estás permitiendo el lujo de juzgar a alguien, cuando tú ni siquieras eres capaz de mirar dentro de ti y ver todo el daño que te haces. Es cierto, es un daño que te provocas de manera inconsciente en la mayoría de los casos, pero ahora ya tienes herramientas para empezar a analizar y perdonarte. El problema de esta situación es que mientras no salgas del rencor y la ira (o enfado) contra otra persona y te enroques en tu papel de víctima, no te darás oportunidad para pensar en qué es lo que no te estás perdonando a ti mismo/a y, por lo tanto, seguirás perpetuando esa situación en la que el otro es el malo y tú el bueno/a o, en otras palabras, en la que el otro es el verdugo y tú su víctima. El problema real que conlleva esto es que, a nivel subconsciente, se instala en ti la creencia de que esta dinámica verdugo-víctima es real (cosa que no es), lo cual te llevará a perder tu poder, a desempoderarte, porque le condeces al otro un poder sobre ti que en realidad no tiene, que le estás dando tan solo tú, y que es el poder de mantenerte en una situación pasiva en la cual no puedes hacer nada, en una situación de desamparo de la que, si lo piensas con detenimiento, nada podrá librarte, porque lo hecho hecho está, el pasado ya no se puede cambiar, y la única vía posible es seguir adelante y enfrentar el asunto, perdonándote a ti primero y perdonando al otro como consecuencia de ello.

Me parece fundamental hablar de este tema tan importante sin tapujos y ser muy clara, porque aquí no valen las medias tintas. Perdonar no es decir "bueno, vale, te perdono", como si le estuvieras haciendo un favor a la otra persona. De eso nada. Perdonar no es hacerle un favor a nadie, es responsabilizarte de lo que tú mismo/a te estás haciendo, es responsabilizarte de tu vida y no cargar a otros con pesos que no les corresponden. ¿Por qué? Pues porque la persona que te hizo daño tendrá a su vez que responsabilizarse por sus acciones, pero no como una imposición tuya, sino por sí mismo/a y para sí mismo/a, y él o ella también tendrá que aprender a perdonarse, no porque te lo deba a ti, sino porque este es el proceso por el que todos debemos pasar y porque la vida nos brinda constantemente oportunidades para que nos perdonemos, pero no somos capaces de verlas porque preferimos ver al otro como el enemigo. Ya lo he dicho, es mucho más cómodo no tener que lidiar con nuestra porquería interna, porque da miedo, y la solución fácil es colocarse en el papel de víctima.

Así que la verdadera cuestión es ¿cuánto tiempo más vas a pasar sin concederte el perdón? ¿Cuánto tiempo más vas a pasar sin ver el daño que te haces y buscando verdugos por todas partes para no tener que enfrentarte a ti mismo/a? Este proceso no es sencillo, lleva tiempo, requiere valor. Pero cuando lo logres, y no dudo de que así será si de verdad tienes un compromiso contigo mismo/a, te concederá la libertad de saber que tú (y nadie más que tú) eres el único responsable de tu vida y de tus circunstancias.

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Marta

Marta

Apasionada, sincera y auténtica. Una mujer que corre con los lobos. En esta aventura que es la vida y en mi camino personal hacia el autoconocimiento, quiero compartir con el mundo mis descubrimientos

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