/ superación

¿Qué pasa si hoy quiero tener un día de mierda?

Esta pregunta es bien legítima: ¿qué pasa si hoy quiero tener un día de mierda? No me malinterpretes. Siempre escribo sobre la manera en la que puedes recuperar tu felicidad y la serenidad en la vida cuando te encuentras en una situación que te genera un conflicto, pero es que la vida no siempre tiene que ser color de rosa, y una de las claves principales para conseguir llegar realmente a un estado de bienestar y paz interior es entender que somos seres humanos y, como tales, que tenemos toda una gama de emociones y sentimientos que se desarrollan a partir de esas emociones. Y si nuestro cuerpo está dotado con la capacidad de sentir emociones como la ira o la aversión, entonces está bien sentirlas, nada se gana intentando reprimirlas e intentando convencerte a ti mismo/a de que eres un ser espiritual, todo amor, y que por ese motivo en tu vida deberían cantar los pajaritos todos los días y deberías sentirte pletórico/a, sin una traza de malestar emocional ni de enfado, pase lo que pase.

No, las cosas no son tan sencillas y como probablemente ya te hayas dado cuenta en más de una ocasión, la vida no es blanco o negro; la vida está llena de matices y ahí precisamente es donde está el aprendizaje. Eres todo amor, cierto, y también eres una chispa divina; pero recuerda que estás viviendo esta vida en un cuerpo humano con todo lo que eso conlleva. ¿Qué objetivo tendría vivir la vida en la Tierra si rechazásemos las características que esta nos ofrece? Nuestro cuerpo humano nos ofrece el grandísimo regalo de dotarnos de emociones (además de muchísimas otras cosas increíbles y maravillosas, ¡como los 5 sentidos!), por lo tanto es normal sentir todas las emociones posibles que, en realidad, no son muchas, pero cada una tiene su función específica. La función de una emoción es avisarte de algo. Por ejemplo, cuando sientes rabia o enfado, lo que esa emoción te está transmitiendo es que en esa situación en particular o ante esa persona en concreto no estás vibrando en amor; es decir, te avisa de que tienes un conflicto interno no resuelto.
Si, por ejemplo, sientes miedo (ese emoción de la que hablo tantísimo a todas horas) entonces tu cuerpo te está avisando de una amenaza. Pero ojo, que hay dos tipos de miedo:

  • Está el miedo real, que sería aquello que sentirías si te encontrases de frente con un tigre, o bien lo que sentirías si caminases por el borde de un precipio. El miedo es una emoción que vela por nuestra supervivencia y, en ese sentido, es muy útil. El miedo real, el que te avisa cuando tu vida se ve amanezada, es algo del presente.

  • Y luego está el miedo del ego, que se traduciría por algo así como "falsas amenazas que aparecen reales". Pero en verdad no son reales, son tan solo un producto de tu mente. Por ejemplo, el miedo a que te despidan, o a quedarte sin dinero, o a que tu pareja te deje. La situación no es real, simplemente la adelantas en tu mente (una cosa muy del ego) hasta que llega un buen día en que te autoconvences de que esa amenaza es real, cuando en verdad no es así. El miedo del ego no es algo del presente, sino que te proyecta hacia el futuro; es decir, te aparta de la realidad y te lleva al terreno de la elucubración.

Por lo tanto, es normal y esperable que sintamos toda la gama de emociones. Lo que ocurre cuando reprimes las emociones que no te gustan o con las que no te sientes cómodo/a es que aparece tu parte de sombra, el Mr. Hyde que todos llevamos dentro y que tratamos de todas las formas posibles que no salga a la superficie, pues nos asusta o nos avergüenza y es una parte de nosotros/as que no queremos que nadie más conozca. Te recomiendo que leas este post en el que hablaba en detalle sobre lo que ocurre cuando reprimes tu parte de sombra, para que entiendas lo que este acto te hace en realidad.

Así que tener un mal día es algo normal, nos sucede a todos, y nada ganas si intentas darle la vuelta a la situación desde el ego. Esas veces en las que te dices a ti mismo/a: "debería sentirme bien y alegre, porque sé que cuando estoy contento/a todo va mejor. Así que si estoy de mal humor o enfadado/a con la vida, o irritable, entonces seguro que no voy a tener un buen día y toda me va a ir mal". Cuando te dices esto a ti mismo/a estás en lo cierto, si tu actitud es negativa no vas a estar atrayendo nada bueno. Pero no es menos cierto el hecho de que no ganas nada mortificándote e intentado darle la vuelta a la situación cuando no puedes, sencillamente porque cambiar nuestras emociones y nuestro estado de ánimo requiere de un tiempo, por lo general no es algo que se consiga en unos pocos minutos. Cuando tu vibración es baja, volver a conseguir que sea alta te va a llevar un tiempo a no ser que ya tengas mucha práctica y que tu nivel de desarrollo personal sea muy elevado. Así que de nada sirve mortificarte y sentirte mal y culpable pensando que deberías estar alegre, porque cuanto más te mortifiques y te culpes, más baja será tu vibración y, por lo tanto, más tiempo permanecerás en el estado de mal humor, abatimiento, enfado o lo que sea que toque ese día.

A las emociones tienes que dejarlas ser, tienes que darles su tiempo porque tienen una función que, como ya dije más arriba, es avisarte de algo, hacer que tomes consciencia de algo que está pasando contigo. Cuando tratas de cambiar tus emociones desde el ego, desde la creencia de que tienes que hacerlo, porque te has autoconvencido de ello, entonces no consigues absolutamente nada. Forzar las cosas desde el ego no sirve. El proceso es que dejes que tus emociones negativas se manifiesten y que entiendas por qué están ahí, de que te están avisando y en qué trampa mental estás cayendo.

Ahora bien, una vez dicho esto, y una vez que has entendido que a las emociones hay que dejarlas ser, sean del tipo que sean, esto no significa que puedas regodearte en ellas. Si tienes un mal día, tienes un mal día y punto; si estás enfadado/a con tu jefe y te apetece echar pestes, hazlo; si te sientes a punto de estallar porque has tenido un día horrible y quieres gritar, grita. Estás en tu derecho de hacerlo y es beneficioso que dejes salir esa emoción. En mi trabajo con mis clientas observo que esta situación se repite mucho cuando ya llevamos varias sesiones, pues de pronto son conscientes de que cuando están sintiendo algo negativo entonces no van a atraer nada positivo a su vida, y sienten encima todo el peso de la responsabilidad de tener que sentirse bien y contentas.

Mi consejo ante estas situaciones es que no pasa nada por tener un mal día o por estar enfurruñaza con la vida uno o dos días.
Pero hasta ahí... No porque tengas un día malo significa que puedas regodearte una semana o un mes entero en tu "mala suerte", o en tu "enfado contra el mundo", o en tu "todo es una mierda", porque eso ya no es dejar salir a la superficie tus sensaciones negativas y aceptarlas, eso es caer en el victimismo. Regodearte en tus malas sensaciones equivale a decirle a la vida que eres víctima de tus circunstancias, y recuerda que tú no eres la víctima de nada ni de nadie: tú eres el/la creador/a de tu realidad, así que de nuevo tienes que asumir tu responsabilidad, y en este caso se trata de asumir tu responsabilidad ante tus sensaciones negativas. Tranquilidad, relax, entiende de dónde vienen esas emociones y verás cómo al tercer día tu estado de ánimo ha cambiado considerablemente.

Lo increíble de la vida es que nos da la libertad para experimentar absolutamente todo lo que nosotros/as queramos, sin restricciones. Si quieres tener un año de mierda, estás en tu derecho, pero ¿realmente ganas algo estando un año entero encerrado/a en pensamientos negros y sintiendo que todo es un asco? ¿De verdad te aporta algo positivo esta situación?
¿Y si intentas darla la vuelta a la tortilla y pruebas a ver qué pasa cuando das cabida en tu vida a los sentimientos positivos? Quizá el resultado te sorprenda y te des cuenta de que hay otra forma de hacer las cosas y otra forma de ver la vida... Eso sí, esta otra forma de ver la vida implica que asumas la responsabilidad, que tomes el control de tu vida y que ya nunca más te veas como la víctima de nada ni de nadie. Así que, ¿eres valiente para dejar de ser víctima y pasar a ser creador/a?

Marta

Marta

Apasionada, sincera y auténtica. Una mujer que corre con los lobos. En esta aventura que es la vida y en mi camino personal hacia el autoconocimiento, quiero compartir con el mundo mis descubrimientos

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