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No te compares, honra lo que te hace único

Estrenamos año nuevo y por eso para el post de esta semana me apetecía hablar de un tema importante, de esos que te hagan pensar: "Este puede ser mi propósito de año nuevo". He tardado en publicarlo algunos días más de lo que me hubiera gustado, pero el estar fuera de casa para pasar las Navidades con la familia y las caídas de la línea de internet no son una buena combinación. He reflexionado mucho sobre los motivos por los que las personas somos infelices, y he llegado a la conclusión de que uno de los que más influyen y en los que más a menudo caemos es que nos comparamos con los demás. Por suerte, y como siempre digo, es algo que podemos cambiar, hay pocas cosas inmutables en este mundo, así que espero que este post te sirva de ayuda y guía.

Compararse es un hábito muy humano. Todos lo hacemos en algún momento del día, es algo que tenemos muy arraigado. No solo nos comparamos a nosotros/as mismos/as con otra persona, que puede ser conocida o no para nosotros (en muchas ocasiones nos comparamos con personas que vemos en la televisión o en las redes sociales, sin ni siquiera conocerlas), también comparamos a personas de nuestro entorno entre sí e, incluso, comparamos a personas que no conocemos de nada entre sí (de nuevo, el ejemplo de la gente que vemos en la televisión o en las redes sociales y que, por algún motivo, son relevantes para nosotros/as). Si te paras un momento a pensarlo es muy absurdo. ¿Por qué alguien se dedicaría a comparar a dos actrices o dos famosas cualquiera que ve en la televisión pero de las que no sabe absolutamente nada, solo lo que se imagina? O, peor aún, ¿por qué tú habrías de comparar tu vida con la de esas personas a las que ves en las redes sociales y de las cuáles no sabes tampoco absolutamente nada? No tiene ningún sentido que te compares con alguien a quien no conoces en absoluto, ¿verdad? Sería como compararte con cualquiera de las personas con las que te cruzas por la calle a diario durante uno o dos segundos, es decir, un sinsentido total, y eso no lo haces ¿no? Entonces, ¿por qué te comparas con la gente de las redes sociales o la televisión? ¿Por qué te comparas con tus compañeros/as de trabajo o con tus amigos/as?

En realidad, cuando nos comparamos con otra persona lo que estamos haciendo es sacar el foco de atención de nosotros/as mismos/as y colocarlo sobre esa otra persona a la que, al colocarle encima nuestro propio foco de atención, le estamos dando la importancia o la relevancia que en realidad deberíamos estarnos dando a nosotros/as. Es también una forma de descargarnos de responsabilidad, al asumir que la otra persona tiene una mejor vida que nosotros/as, o que gana más dinero, o que le va mejor en el amor, o lo que sea. Es decir, si te comparas con otra persona y "sales perdiendo", entonces automáticamente te colocas en el papel de víctima. ¿Recuerdas el papel de víctima del que ya hemos hablado, esa actitud que te descarga de responsabilidades ante ti mismo/a? Pues en este caso ocurre lo mismo. Es mucho más fácil dedicarse a anhelar, desear, suspirar, etc. que tomar las riendas y ponerse a hacer todo aquello que te llevaría a tener la vida de tus sueños, o simplemente aquello que deseas. Sí, es mucho más fácil culpar a los demás (o al mundo, o al destino) por todo lo bueno que tienen en sus vidas y todo lo que a ti no te gusta de la tuya, que hacerte responsable de tu propia vida y cambiar todo aquello que ya no te hace feliz y dedicar el esfuerzo y el tiempo necesarios a construir circunstancias favorables para ti que te lleven a tener la vida que siempre has deseado.

Compararse es un hábito muy nocivo. Nos da la falsa sensación de que nuestra vida es peor de lo que en realidad es, o bien de que la vida de los demás es siempre mejor que la nuestra. Cada persona tiene sus propios problemas y situaciones adversas en su vida, pero cuando nos comparamos asumimos que solo nosotros tenemos problemas, que solo a nosotros nos van mal las cosas. Nos dedicamos más a pensar en la vida de los demás que en la nuestra propia. Y a raíz de esto hay una reflexión muy sencilla pero muy profunda que te invito a hacer: si estás todo el día pensando en cómo será la vida de los demás, ¿quién se preocupa de ver cómo está tu vida? Y la respuesta es "nadie". Nadie más que tú puede tomar el control de tu vida y modelarla para que sea como tú quieres que sea.

En lugar de compararte, te invito a que te observes con detenimiento e identifiques todas las cualidades y dones que posees que te hacen único/a, que estoy segura de que son muchos. No sacarás ningún beneficio de compararte con otras personas, sean de tu entorno o no, las conozcas o no, más que frustración. Cuando centras tu atención en pensar que tus circunstacias son peores que las de los demás, y entonces los envidias por tener o por ser cosas que tú no eres, pierdes poder, te desempoderas poco a poco e, inconscientemente, imbuyes a esas personas de un control sobre tu vida que es muy peligroso, porque es un control que no se sustenta en nada, ya que existe tan solo en tu subconsciente. Entras entonces en una espiral en la que, a no ser que consigas o que seas lo mismo que esas otras personas a las que admiras o envidias, te sientes fracasado/a, sientes que tu vida no tiene valor porque no refleja los ideales que en tu interior consideras que son los buenos y según los cuales debería regirse tu vida. De nuevo se trata de un tema de creencias, del que ya hablé en profundidad en este post y que te invito a leer para que identifiques las creencias que rigen tu vida, puesto que te basas en una serie de pensamientos e ideas sobre aquello que daría valor a tu vida, sobre aquello que deberías ser, tener o hacer para tener una vida satisfactoria y plena. Pero si lo piensas con detenimiento, estoy convencida de que el 90% de aquellas ideas que tienes sobre cómo debería ser la vida perfecta no son ideas que proceden de ti, sino del exterior, es decir, de imágenes que se repiten en las redes sociales (ropa o marcas de moda, casas, maquillaje, coches, etc.), comentarios que escuchas en la televisión o en tu grupo de amigos, artículos que lees en revistas, anuncios de televisión o prensa (la publicidad es la causante de muchísimas de las creencias que tenemos y de las que no nos damos ni cuenta), etc. Nos bombardean constantemente con imágenes donde vemos vidas aparentemente perfectas, pero que no son reales, muestran tan solo una fracción de segundo de la vida de una persona, no sabemos todo lo que hay detrás de esa imagen; puede que haya una reciente ruptura sentimental, puede que haya la muerte de un familiar querido, puede que haya una enorme falta de seguridad en esa persona que en esa imagen no se refleja, puede que haya unos hábitos autodestructivos... Como he mencionado más arriba, absolutamente todas las personas del planeta tenemos nuestros problemas y situaciones complejas que superar y de las cuales aprender. Nadie tiene una vida perfecta, salvo aquel que cree en su corazón que la tiene. Y esa creencia interior no procede de la aprobación de nadie, ni de las opiniones de la sociedad, ni de nadie de su entorno. Esa creencia procede de una convicción interna, de un estado de quietud y paz interior que tan solo tú puedes conseguir. Nadie te va a dar ese sentimiento, solo tú por ti mismo/a puedes llegar a él.

Así que, de nuevo, piensa en que es para ti de verdad la vida perfecta. Si haces una reflexión sincera y profunda te darás cuenta de que nada tiene que ver con posesiones materiales pues, al fin y al cabo, las posesiones son tan solo algo práctico, algo que nos ayuda en nuestro día a día para poder hacer aquello que realmente nos gusta y nos enriquece. La vida perfecta tampoco tiene que ver con el dinero que posees, pues el dinero por sí mismo no te hará feliz, sino la percepción que tú tengas del dinero y el uso que le des. Y, por supuesto, una pareja tampoco hará que tu vida sea perfecta, puesto que la felicidad absoluta solo procede de tu interior y nadie más te la puede dar.
Honra lo que te hace único/a, encuentra la felicidad y el sentido de la vida en tus peculiaridades y en tus dones. Tu potencialidad es inmensa y procede precisamente de aquello que te hace único/a, así que en lugar de compararte con los demás, o de comparar tu vida con la de otras personas, céntrate en ti, recupera la atención en ti mismo/a y conócete, interésate por ti mismo/a. Te aseguro que en tu vida la persona más interesante que hay eres tú, ¿te lo has planteado así alguna vez?

Marta

Marta

Apasionada, sincera y auténtica. Una mujer que corre con los lobos. En esta aventura que es la vida y en mi camino personal hacia el autoconocimiento, quiero compartir con el mundo mis descubrimientos

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